
El lobo estepario simplifica su sino diciéndose a sí mismo que esta dividido en dos: una mitad hombre, y una mitad lobo. Desconoce entonces que estamos divididos en realidad en múltiples personalidades, que pugnan dentro nuestro por manifestarse, a las cuales intentamos desarrollar en algún caso, o desoímos en otro. En cada acto de nuestra vida, en cada situación, nuestros yoes internos libran una lucha encarnisada por ser ellos los que respondan, los que se manifiesten. Así, al pronunciarse uno de ellos, es en esa dirección que vamos haciendo nuestro camino; cuando es el niño el que lo hace, somos niños; cuando es el violento, somos violentos; cuando es el intelectual, somos intelectuales. Medianamente, una de esas personalidades predominan, y en definitiva, terminamos creyéndonos eso. Pero, alguna vez se preguntaron, cuantas personalidades, cuantas actitudes que podrían haber sido propias, acallaron dentro suyo? A confesión de partes, relevo de culpas: personalmente, siempre me incliné hacia lo intelectual, hacia la lectura, hacia el arte, hacia el alimento del espíritu; soy tan flaco, que un viento fuerte podría voltearme; nunca me interesó lo físico. No puedo escuchar música quieto, muevo la cabeza, tarareo, sacudo los pies, pero… bailar? Nunca me interesó. Me encanta el futbol, jugué mucho de pibe, tengo inteligencia como para saber jugarlo bien, pero sería un imposible para mi. Pero sin embargo… siempre hay oportunidades para todo… En una época, tenía una amiga actriz, que hacia expresión corporal, había estudiado con María Fux; siempre estábamos juntos, la quería muchísimo (no, ni estaba enamorado ni estaba caliente con ella, eramos como almas gemelas). Empezó a dar unos cursos de expresión corporal… y por hacer un poco de número, me anoté. Y de repente, me encontraba haciendo coreografías, volando por los aires, hasta terminé preparando un cuadro con un tema de Piazzolla. De pronto, estaba volando por el aire, y yo mismo me decía ¿qué estoy haciendo? Pero saben una cosa? Me sentía maravillosamente bien!!! Lo disfrutaba muchísimo! Claro que fue una cosa de momento, nunca sería un Juan Luis Guerra ni mucho menos, mi mente no estaba preparada para eso. Mi mente puede ser capaz de leer 200 libros en un mes, pero sería imposible afrontar diez o doce horas diarias de esos ejercicios. No sólo físicamente, mentalmente no lo soportaría, no estoy preparado para eso.
Pero vaya como ejemplo. Sé de alguien, todo un señor ejecutivo, muy serio y circunspecto, que en una época de mucho stress, volvió a una locura de su juventud: agarró de vuelta la guitarra, y se pasaba horas tocando blues en la casa. Me decía la mujer: “tenes que verlo, es increíble como se pone, como lo disfruta”.
Y si, seguramente.
Nunca somos uno. Nunca somos dos. Somos mucho más que eso.
A que no se atreven!
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