Competencia...Competencia? “Tenés que estudiar para llegar a ser algo”, “Tenés que esforzarte si querés conseguir lo que querés”…
Estos mensajes, generalmente paternos, pero impuestos en ellos por una sociedad mercantilizada, conllevan un doble mensaje en realidad, que pocos son los que lo advierten, los que son concientes de ello: porque en realidad, no se trata de estudiar para ser mejor uno en sí mismo, no se trata de esforzarse para conseguir lo que se quiere para sí mismo. Se trata de adquirir conocimientos para ser MEJOR que el otro, se trata de esforzarse para ser MEJOR que los otros, para conseguir las cosas ANTES que los otros las consigan. Se trata, en definitiva, de entrar en la rueda. En la rueda de la competencia. Si no sos competente, no existís, si no te esforzas, los demás te dejan atrás. Y si te dejan atrás…
COMPETIR, COMPETIR. La vida se transforma en una constante competencia, donde todos son obstáculos, donde todos son rivales. Si te quedás atrás, te pasan por arriba. Este mensaje lleva en sí el miedo. Ese miedo a quedar atrás y no tener posibilidades, ese miedo que impulsa a las gentes, muchísimas veces, a recurrir a cualquier recurso con tal de lograr sus objetivos. Pero siempre, siempre, lo que los impulsa por detrás, es ese miedo. Miedo porque toda competencia, mercantilizada, lo lleva tambien dentro de sí, nadie quiere tener que enfrentarse a la derrota.
Qué bueno sería, en medio de la carrera, pararse al costado del camino…y detenerse a pensar. Y darse cuenta que esa competencia, en realidad, es mentira. Es mentira que necesitás una casa más grande, es mentira que tenés que cambiar el auto, es mentira que necesitas un televisor más grande. VOS no lo necesitas. Vos podés seguir viviendo muy bien con lo que tenés. La que necesita que vos quieras eso, es la sociedad de consumo, los que se enriquecen con esa necesidad falsa que te imponen.
El deportista amateur no se alegra por haber ganado la competencia (sobre todo si sus rivales quedaron muy atrás). Se alegra si en esa competencia logró mejorar en un segundo SU tiempo, si logro saltar un centrímetro más de SU propio record. Porque si no lo hizo ¿de qué vale el triunfo? Y su rival, resignado por su parte por no haberse podido superar a SI mismo, se alegra si su colega si logro hacerlo, y lo felicita. ESA es la verdadera competencia, la que sirve para ser mejor uno para SI MISMO, no CONTRA los demás, no por encima de los demás.
La felicidad…no tiene precio. Si sos feliz con lo que tenés, si podés alimentarte y disfrutar de la vida, de tus placeres más secretos, nadie puede decirte que necesitás más. Nadie puede obligarte a entrar en la rueda del “salvese quien pueda”.
Competir? No gracias… No lo necesito.
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